Críticas
CONCIERTO EXTRAORDINARIO IANNIS XENAKIS "EL PULSAR DE NUESTRA ÉPOCA"
LA ORQUESTA ESTABLE DEL TEATRO ARGENTINO SE PRESENTÓ EN EL FOYER DEL PRIMER PISO CON DIRECCIÓN DE PABLO DRUKER POR: LAURA FERRARINI
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  • 09 de Junio de 2019
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CONCIERTO EXTRAORDINARIO

ORQUESTA ESTABLE TEATRO ARGENTINO LA PLATA

DIRECCIÓN MUSICAL: PABLO DRUKER

OBRAS DE IANNIS XENAKIS (1922-2001)

 

PROGRAMA

 

PRIMERA PARTE

TERRETEKTORH  (1965-1966)

PARA 88 MÚSICOS DISPERSOS ENTRE EL PÚBLICO

NOMOS GAMMA (1968)

SEGUNDA PARTE

NOMOS GAMMA

TERRETEKTORH

 

CRÓNICA

Es extraordinario escuchar este tipo de repertorio.

En el largo intermedio entre la primer y segunda obra (que por cierto rompió la esencia del programa y la idea del director de la escucha de las obras) una señora conocida se me acercó y en la charla me dijo que estaba un tanto sorprendida por el carácter del concierto. Le dije: “pensá que estás en una esquina de la ciudad en pleno centro a hora pico; cerrá los ojos y voilà! no suena así?”

El pulsar de nuestra época

¿Cómo suena la vida cotidiana a ojos cerrados? En plena cacofonía, juego de tensiones, superposiciones sonoras, ambientes acústicos; vivimos bombardeados de sonidos.

La música clásica no puede estar exenta a este movimiento urbano, a las peculiaridades acústicas de las ciudades.

Iannis Xennakis se vale de la tradicional orquesta, con el agregado de instrumentos de percusión, más de la notación y escritura análoga para meter en la sala de concierto a la vida misma.

La forma de la orquesta, la disposición del público (entre los instrumentisas, acercando la platea al intrumento) y el entusiasmo en la sala ayudaron a crear una atmósfera efervescente.

Pablo Druker llevó la batuta con máxima energía, manteniendo un férreo control sobre los músicos, tantos actores y no actores mezclados de forma no tradicional requieren un mayor esfuerzo del director para levares y entradas, matices y cambios de dinámica.

 Si bien podemos pensar que “el público no sabe cómo debería sonar este tipo de obras”; hoy you tube mediante nos sentimos empujados a optimizar el nivel y a no subestimar a la audiencia.

Con entrada libre, el foyer del primer piso del Teatro Argentino de La Plata se vio colmado y convivieron oyentes expertos e iniciados en la maravillosa vida del concierto en vivo.

Laura Ferrarini

 

DE LA GACETILLA

 

Primer Concierto Extraordinario de la Orquesta Estable con entrada gratuita
UNA NUEVA EXPERIENCIA SONORA A TRAVÉS DE DOS OBRAS DE IANNIS XENAKIS

Este sábado 8 de junio, a las 17, en el foyer del primer piso del Teatro Argentino de La Plata, dependiente del Ministerio de Gestión Cultural de la Provincia de Buenos Aires, se efectuará el Primer Concierto Extraordinario de la temporada a cargo de la Orquesta Estable del primer coliseo bonaerense.

Con la dirección de Pablo Druker se interpretarán Terretektorh, para 88 músicos dispersos entre el público, y Nomos Gamma, para 98 músicos dispersos entre el público, de Iannis Xenakis. En la segunda parte, tal como indicó el compositor, se repetirá la ejecución en orden inverso de ambas obras y se invitará a los asistentes a cambiar de ubicación para lograr otra percepción de las obras.

►La entrada será gratuita hasta colmar la capacidad (210 asientos).

Será una oportunidad poco frecuente de escuchar música contemporánea de parte de una orquesta, ya que históricamente las composiciones del género fueron más habituales para conjuntos de cámara. Más inusual aún es que un organismo sinfónico aborde en la Argentina este tipo de repertorio. Es asimismo una ocasión para escuchar dos obras experimentales en el sentido más cabal del término, como corresponde a un compositor que a lo largo de toda su carrera se dedicó a hacer lo que no se esperaba que hiciera. En este caso, Xenakis creó dos piezas que no sólo requieren que los músicos se ubiquen entre los integrantes del auditorio sino que además plantean su reiteración en espejo durante el propio concierto, con los miembros del público situados en otra posición, lo que implica de hecho un cambio de apreciación acústica de las mismas obras.

Los cuestionamientos artísticos planteados desde la mitad de la década del ’50 del pasado siglo se hicieron también extensivos a la forma tradicional de las salas de concierto. “¿Por qué siendo tan espléndido un instrumento hay que escucharlo a una distancia tal que significa la pérdida de más del 50 % de su poderío sonoro?”, se preguntaba Xenakis. Sumó a ello una experiencia personal: “durante una tormenta quedé aislado en un peñasco y por los cuatro costados me rodearon la furia de la lluvia, el embate de las olas y un viento rabioso”. Propuso entonces, por un lado, que los miembros de la orquesta se “esparcieran” entre el público y el director se colocara en el centro del recinto y, por otro, en Terretektorh, dispuso que cada músico sume a su instrumento tablillas de madera, que sumadas a maracas y látigos, evoquen a la lluvia y el granizo. La intención de replicar mediante la música los sonidos de la naturaleza es una de los varios rasgos que caracterizan a parte de las creaciones de este autor.

De ascendencia griega, Iannis Xenakis nació en 1922 en Rumania, se nacionalizó luego francés y vivió mayormente en París, donde falleció en 2001. Aunque graduado como ingeniero (trabajó con el célebre arquitecto suizo Le Corbusier y firmó destacados proyectos propios), fue inclinándose cada vez más hacia la música, merced a sus estudios de composición con Honegger, Milhaud y, sobre todo, Messiaen.

Fue un pionero en el uso de herramientas matemáticas e informáticas para la creación musical, especialmente en el empleo de computadoras para la escritura de partituras algorítmicas. Sus impulsos renovadores lo llevaron a tomar distancia incluso de las orientaciones de las vanguardias de su época, como el serialismo y el post-serialismo, para dar lugar a piezas cuyos procesos formales se sustentan en leyes estadísticas y probabilísticas. Es así como se lo considera el padre de la “música estocástica” (“construida en base al principio de indeterminación”).

Produjo inéditos cruces al trasladar al arte musical ideas extraídas de distintas disciplinas científicas, como la teoría de los juegos y la teoría de los grupos o los avances debidos a Gauss, Bool, Márkov o Maxwell-Boltzmann.

Entre 1949 y 1997 escribió más de un centenar y medio de obras que incluyen piezas para instrumentos solistas (piano, violín, viola, violoncello, clarinete, trombón, órgano y clavecín), para diversas formaciones de cámara, vocales y corales (con acompañamiento instrumental o a capella), orquestales, electroacústicas, incidentales, para ballet y bandas sonoras para cine y teatro. Compuso Terretektorh entre 1965 y 1966 y Nomos Gamma entre 1967 y 1968.

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