Críticas
JOSEPH CALLEJA in CONCERT - WIENNER STAATSOPER
By GABRIELA BELEN OJEDA SILVA
  • 25 de Enero de 2019
  • Battaglia's:  

¿Cómo Un cantante elije lo que va a cantar en un concierto? Existen varias formas de elegir el repertorio para un concierto: cantar lo que se tiene en gola (los roles que estás presentando), cantar los 'caballitos de batalla (Lo que más sabes Y sabes te queda bien), cantar repertorio famoso para agradar a la audiencia (lo que todos esperan de ti), cantar fragmentos de roles para foguearlos antes de debutarlos, cantar lo que te gusta y se te da la gana sólo porque sí.

Otra cosa que hay que pensar muy bien es la elección del orden del repertorio. Se suele hacer de lo más simple a lo más complejo, (para siempre impresionar), de lo más ligero a lo más lírico (Porque el cuerpo se va cansando), por época o de lo más serio a lo más informal (como comenzar con Wagner y terminar con musicales). Joseph Calleja abrió el concierto con 'Dies Bildnis' de Die Zauberflöte. Todo cantante, más aún los tenores, saben que es una elección muy arriesgada, no porque sea un Mozart, sino más bien por la tesitura (rango de notas) en el que está escrita el aria. La voz se sintió caprina y con falta de cuerpo durante lo largo de todo el aria, como si estuviéramos escuchando a un tenor lírico ligero o, inclusive, ligero. También no se le sintió cómodo con el idioma alemán (mucha tensión mandibular). Durante los últimos agudos pudimos escuchar una flema, extremadamente notoria que hizo eco en toda la sala. Luego de los aplausos el tenor dio explicaciones de que no se encontraba en su mejor estado vocal y, además, que era su cumpleaños, por lo que iba a hacer todo lo posible para que nosotros y él pudiéramos disfrutar de la velada. El público lo acompañó a lo largo de toda la noche. En "Tombe degli avi miei" pareció como si nos hubiesen cambiado al intérprete. Su voz empezó a sonar completa, sin las falencias técnicas del Mozart (tensión mandibular y apoyo blando), lo que nos dejó bien en claro que comenzó cantando en frío, aunque de todas formas no se le sentía cómodo por los abruptos cortes de frase. Lamentablemente la mucosidad laríngea continuó a lo largo de todo el concierto sobre la zona de los la agudos. Como tercer aria Calleja eligió otro arion, está de vez del Tristán francés; "Pourqui me revelle". Aunque durante los primeros agudos volvió a aparecer la flema, se le sintió mucho más cómodo en este repertorio, especialmente en los fortes. Recién después de estas tres súper arias el tenor tuvo un receso, donde escuchamos "la meditación de thais" al piano. Como apreciación de gusto personal acá se sacrificó belleza de fraseo y legatos por sonido. De cualquier manera, fue una correcta y bella interpretación. Siguiendo con el tour de force vino el aria de Arturo de La forza. (Sí, sólo la forza, no queremos atraer la mala suerte acá) "La Vita é inferno all'infelice". Fue una lástima sentir su temor y notar que estuvo aguantando la respiración en cada agudo rogando que no aparezca la flema, porque éste repertorio queda hermoso en la voz de Calleja, especialmente con su dominio de los pianos, que le imprime mucha emoción a la música

Calleja nos vuelve a hablar para comentarnos que para poder terminar el concierto hará el intervalo en este momento, pasando "E lucevan le stelle" para la segunda parte, dependiendo de como se sienta.

Luego de disfrutar del catering comenzó la segunda parte del concierto. Abrió, tal como indicaba el programa con "Niet tolka tot kto znall" de Tchaikovsky. Fue una gran sorpresa, porque acá se le notó más distendido pudiendo lucir su hermoso color de voz, pleno de todo tipo de armónicos y su bello fraseo musical, lleno de matices cómodos. El tenor prosiguió con "La canzone de Tosti, Ideale". Aunque la emisión fue clara, a un oído desarrollado se notaba la tensión laríngea que le generaba el mantener la voz sin flemas. De cualquier forma, aunque es una canzone (aquí entremedio como que me causa ruido la juntada) es una muy difícil para un tenor, y mantener un buen fraseo musical cuesta muchísimo en un día bueno, ni hablar en un estado de hiper mucosidad como la de Calleja.

La siguiente canción elegida fue "A vucchella", una versión un poco lenta, pero con una impecable emisión (no toca el agudo que es la nota complicada de la velada).

Acá hubo otra pausa para el tenor donde pudimos escuchar un vals en do mayor de Donizetti. Indudablemente pudimos disfrutar junto a Vincenzo Scalera.

J. Calleja nos anuncia que la siguiente canción es un gusto que se está dando, un estreno: "Kebbies tal Fanali" de Joseph Vella. Esta canción fue toda una sorpresa, por la voz estuvo siempre perfecta, pudimos disfrutar a pleno la musicalidad desbordante de este tenor. Sin duda, me despertaron ganas de escuchar más sobre este desconocido repertorio.

Durante las siguientes canciones "Vaghissima sembianza" de Donaudy y "Mattinata" de Leoncavallo, escuchamos los mismos problemas de toda la noche que ya hemos relado.

Aunque usted no lo crea, el final del concierto fue "E luceva le stelle". Aquí el tenor sacrificó sonido en la primera parte para lograr llegar hasta el final en una pieza (lo cual hizo). Ya en este punto la flema causaba tanto ruido como si estuviese haciendo gárgaras con ella. La noche tuvo tres bises: “No puede ser”, de la Tabernera del puerto (con una perfecta emisión), “el lamento Di Federico”, de la Arlesiana (casi perfecta, salvo por los agudos del final donde se escuchó la flema) y “La vie en rose”, que fue una fiesta (la gente tarareaba la canción en los pasillos). De este concierto podemos rescatar el dominio técnico y entereza para continuar a lo largo de toda la velada como si no ocurriese nada. Es realmente algo de admirar, a muchos cantantes ese estado los quebraría emocionalmente. Definitivamente estamos ante alguien con mucho oficio y profesionalismo. Creo que más que una voz dañada lo que vimos fue una muy mala elección de repertorio y orden para una sola velada. A veces los cantantes tienden a sobreexigirse demasiado y terminamos cometiendo errores como éste, tratando de impresionar, exigiéndonos más y más de lo que nuestro cuerpo puede soportar de manera sana. Es así como lamentablemente muchas carreras terminan temprano. Por experiencia propia, sé que un concierto de un sólo solista debe ser como un zapato en un día de larga caminata, es mejor que te sobre espacio a que te quede justo. Habría sido una velada maravillosa si Joseph Calleja nos hubiera deleitado con más música de cámara (que de fácil no tiene un pelo y la trabaja muy bien) y hubiese terminado con ariones de ópera, aparte de los bises elegidos con tanto amor.

¿Cómo Un cantante elije lo que va a cantar en un concierto? Existen varias formas de elegir el repertorio para un concierto: cantar lo que se tiene en gola (los roles que estás presentando), cantar los 'caballitos de batalla (Lo que más sabes Y sabes te queda bien), cantar repertorio famoso para agradar a la audiencia (lo que todos esperan de ti), cantar fragmentos de roles para foguearlos antes de debutarlos, cantar lo que te gusta y se te da la gana sólo porque sí.

Otra cosa que hay que pensar muy bien es la elección del orden del repertorio. Se suele hacer de lo más simple a lo más complejo, (para siempre impresionar), de lo más ligero a lo más lírico (Porque el cuerpo se va cansando), por época o de lo más serio a lo más informal (como comenzar con Wagner y terminar con musicales). Joseph Calleja abrió el concierto con 'Dies Bildnis' de Die Zauberflöte. Todo cantante, más aún los tenores, saben que es una elección muy arriesgada, no porque sea un Mozart, sino más bien por la tesitura (rango de notas) en el que está escrita el aria. La voz se sintió caprina y con falta de cuerpo durante lo largo de todo el aria, como si estuviéramos escuchando a un tenor lírico ligero o, inclusive, ligero. También no se le sintió cómodo con el idioma alemán (mucha tensión mandibular). Durante los últimos agudos pudimos escuchar una flema, extremadamente notoria que hizo eco en toda la sala. Luego de los aplausos el tenor dio explicaciones de que no se encontraba en su mejor estado vocal y, además, que era su cumpleaños, por lo que iba a hacer todo lo posible para que nosotros y él pudiéramos disfrutar de la velada. El público lo acompañó a lo largo de toda la noche. En "Tombe degli avi miei" pareció como si nos hubiesen cambiado al intérprete. Su voz empezó a sonar completa, sin las falencias técnicas del Mozart (tensión mandibular y apoyo blando), lo que nos dejó bien en claro que comenzó cantando en frío, aunque de todas formas no se le sentía cómodo por los abruptos cortes de frase. Lamentablemente la mucosidad laríngea continuó a lo largo de todo el concierto sobre la zona de los la agudos. Como tercer aria Calleja eligió otro arion, está de vez del Tristán francés; "Pourqui me revelle". Aunque durante los primeros agudos volvió a aparecer la flema, se le sintió mucho más cómodo en este repertorio, especialmente en los fortes. Recién después de estas tres súper arias el tenor tuvo un receso, donde escuchamos "la meditación de thais" al piano. Como apreciación de gusto personal acá se sacrificó belleza de fraseo y legatos por sonido. De cualquier manera, fue una correcta y bella interpretación. Siguiendo con el tour de force vino el aria de Arturo de La forza. (Sí, sólo la forza, no queremos atraer la mala suerte acá) "La Vita é inferno all'infelice". Fue una lástima sentir su temor y notar que estuvo aguantando la respiración en cada agudo rogando que no aparezca la flema, porque éste repertorio queda hermoso en la voz de Calleja, especialmente con su dominio de los pianos, que le imprime mucha emoción a la música

Calleja nos vuelve a hablar para comentarnos que para poder terminar el concierto hará el intervalo en este momento, pasando "E lucevan le stelle" para la segunda parte, dependiendo de como se sienta.

Luego de disfrutar del catering comenzó la segunda parte del concierto. Abrió, tal como indicaba el programa con "Niet tolka tot kto znall" de Tchaikovsky. Fue una gran sorpresa, porque acá se le notó más distendido pudiendo lucir su hermoso color de voz, pleno de todo tipo de armónicos y su bello fraseo musical, lleno de matices cómodos. El tenor prosiguió con "La canzone de Tosti, Ideale". Aunque la emisión fue clara, a un oído desarrollado se notaba la tensión laríngea que le generaba el mantener la voz sin flemas. De cualquier forma, aunque es una canzone (aquí entremedio como que me causa ruido la juntada) es una muy difícil para un tenor, y mantener un buen fraseo musical cuesta muchísimo en un día bueno, ni hablar en un estado de hiper mucosidad como la de Calleja.

La siguiente canción elegida fue "A vucchella", una versión un poco lenta, pero con una impecable emisión (no toca el agudo que es la nota complicada de la velada).

Acá hubo otra pausa para el tenor donde pudimos escuchar un vals en do mayor de Donizetti. Indudablemente pudimos disfrutar junto a Vincenzo Scalera.

J. Calleja nos anuncia que la siguiente canción es un gusto que se está dando, un estreno: "Kebbies tal Fanali" de Joseph Vella. Esta canción fue toda una sorpresa, por la voz estuvo siempre perfecta, pudimos disfrutar a pleno la musicalidad desbordante de este tenor. Sin duda, me despertaron ganas de escuchar más sobre este desconocido repertorio.

Durante las siguientes canciones "Vaghissima sembianza" de Donaudy y "Mattinata" de Leoncavallo, escuchamos los mismos problemas de toda la noche que ya hemos relado.

Aunque usted no lo crea, el final del concierto fue "E luceva le stelle". Aquí el tenor sacrificó sonido en la primera parte para lograr llegar hasta el final en una pieza (lo cual hizo). Ya en este punto la flema causaba tanto ruido como si estuviese haciendo gárgaras con ella. La noche tuvo tres bises: “No puede ser”, de la Tabernera del puerto (con una perfecta emisión), “el lamento Di Federico”, de la Arlesiana (casi perfecta, salvo por los agudos del final donde se escuchó la flema) y “La vie en rose”, que fue una fiesta (la gente tarareaba la canción en los pasillos). De este concierto podemos rescatar el dominio técnico y entereza para continuar a lo largo de toda la velada como si no ocurriese nada. Es realmente algo de admirar, a muchos cantantes ese estado los quebraría emocionalmente. Definitivamente estamos ante alguien con mucho oficio y profesionalismo. Creo que más que una voz dañada lo que vimos fue una muy mala elección de repertorio y orden para una sola velada. A veces los cantantes tienden a sobreexigirse demasiado y terminamos cometiendo errores como éste, tratando de impresionar, exigiéndonos más y más de lo que nuestro cuerpo puede soportar de manera sana. Es así como lamentablemente muchas carreras terminan temprano. Por experiencia propia, sé que un concierto de un sólo solista debe ser como un zapato en un día de larga caminata, es mejor que te sobre espacio a que te quede justo. Habría sido una velada maravillosa si Joseph Calleja nos hubiera deleitado con más música de cámara (que de fácil no tiene un pelo y la trabaja muy bien) y hubiese terminado con ariones de ópera, aparte de los bises elegidos con tanto amor.

¿Cómo Un cantante elije lo que va a cantar en un concierto? Existen varias formas de elegir el repertorio para un concierto: cantar lo que se tiene en gola (los roles que estás presentando), cantar los 'caballitos de batalla (Lo que más sabes Y sabes te queda bien), cantar repertorio famoso para agradar a la audiencia (lo que todos esperan de ti), cantar fragmentos de roles para foguearlos antes de debutarlos, cantar lo que te gusta y se te da la gana sólo porque sí.

Otra cosa que hay que pensar muy bien es la elección del orden del repertorio. Se suele hacer de lo más simple a lo más complejo, (para siempre impresionar), de lo más ligero a lo más lírico (Porque el cuerpo se va cansando), por época o de lo más serio a lo más informal (como comenzar con Wagner y terminar con musicales). Joseph Calleja abrió el concierto con 'Dies Bildnis' de Die Zauberflöte. Todo cantante, más aún los tenores, saben que es una elección muy arriesgada, no porque sea un Mozart, sino más bien por la tesitura (rango de notas) en el que está escrita el aria. La voz se sintió caprina y con falta de cuerpo durante lo largo de todo el aria, como si estuviéramos escuchando a un tenor lírico ligero o, inclusive, ligero. También no se le sintió cómodo con el idioma alemán (mucha tensión mandibular). Durante los últimos agudos pudimos escuchar una flema, extremadamente notoria que hizo eco en toda la sala. Luego de los aplausos el tenor dio explicaciones de que no se encontraba en su mejor estado vocal y, además, que era su cumpleaños, por lo que iba a hacer todo lo posible para que nosotros y él pudiéramos disfrutar de la velada. El público lo acompañó a lo largo de toda la noche. En "Tombe degli avi miei" pareció como si nos hubiesen cambiado al intérprete. Su voz empezó a sonar completa, sin las falencias técnicas del Mozart (tensión mandibular y apoyo blando), lo que nos dejó bien en claro que comenzó cantando en frío, aunque de todas formas no se le sentía cómodo por los abruptos cortes de frase. Lamentablemente la mucosidad laríngea continuó a lo largo de todo el concierto sobre la zona de los la agudos. Como tercer aria Calleja eligió otro arion, está de vez del Tristán francés; "Pourqui me revelle". Aunque durante los primeros agudos volvió a aparecer la flema, se le sintió mucho más cómodo en este repertorio, especialmente en los fortes. Recién después de estas tres súper arias el tenor tuvo un receso, donde escuchamos "la meditación de thais" al piano. Como apreciación de gusto personal acá se sacrificó belleza de fraseo y legatos por sonido. De cualquier manera, fue una correcta y bella interpretación. Siguiendo con el tour de force vino el aria de Arturo de La forza. (Sí, sólo la forza, no queremos atraer la mala suerte acá) "La Vita é inferno all'infelice". Fue una lástima sentir su temor y notar que estuvo aguantando la respiración en cada agudo rogando que no aparezca la flema, porque éste repertorio queda hermoso en la voz de Calleja, especialmente con su dominio de los pianos, que le imprime mucha emoción a la música

Calleja nos vuelve a hablar para comentarnos que para poder terminar el concierto hará el intervalo en este momento, pasando "E lucevan le stelle" para la segunda parte, dependiendo de como se sienta.

Luego de disfrutar del catering comenzó la segunda parte del concierto. Abrió, tal como indicaba el programa con "Niet tolka tot kto znall" de Tchaikovsky. Fue una gran sorpresa, porque acá se le notó más distendido pudiendo lucir su hermoso color de voz, pleno de todo tipo de armónicos y su bello fraseo musical, lleno de matices cómodos. El tenor prosiguió con "La canzone de Tosti, Ideale". Aunque la emisión fue clara, a un oído desarrollado se notaba la tensión laríngea que le generaba el mantener la voz sin flemas. De cualquier forma, aunque es una canzone (aquí entremedio como que me causa ruido la juntada) es una muy difícil para un tenor, y mantener un buen fraseo musical cuesta muchísimo en un día bueno, ni hablar en un estado de hiper mucosidad como la de Calleja.

La siguiente canción elegida fue "A vucchella", una versión un poco lenta, pero con una impecable emisión (no toca el agudo que es la nota complicada de la velada).

Acá hubo otra pausa para el tenor donde pudimos escuchar un vals en do mayor de Donizetti. Indudablemente pudimos disfrutar junto a Vincenzo Scalera.

J. Calleja nos anuncia que la siguiente canción es un gusto que se está dando, un estreno: "Kebbies tal Fanali" de Joseph Vella. Esta canción fue toda una sorpresa, por la voz estuvo siempre perfecta, pudimos disfrutar a pleno la musicalidad desbordante de este tenor. Sin duda, me despertaron ganas de escuchar más sobre este desconocido repertorio.

Durante las siguientes canciones "Vaghissima sembianza" de Donaudy y "Mattinata" de Leoncavallo, escuchamos los mismos problemas de toda la noche que ya hemos relado.

Aunque usted no lo crea, el final del concierto fue "E luceva le stelle". Aquí el tenor sacrificó sonido en la primera parte para lograr llegar hasta el final en una pieza (lo cual hizo). Ya en este punto la flema causaba tanto ruido como si estuviese haciendo gárgaras con ella. La noche tuvo tres bises: “No puede ser”, de la Tabernera del puerto (con una perfecta emisión), “el lamento Di Federico”, de la Arlesiana (casi perfecta, salvo por los agudos del final donde se escuchó la flema) y “La vie en rose”, que fue una fiesta (la gente tarareaba la canción en los pasillos). De este concierto podemos rescatar el dominio técnico y entereza para continuar a lo largo de toda la velada como si no ocurriese nada. Es realmente algo de admirar, a muchos cantantes ese estado los quebraría emocionalmente. Definitivamente estamos ante alguien con mucho oficio y profesionalismo. Creo que más que una voz dañada lo que vimos fue una muy mala elección de repertorio y orden para una sola velada. A veces los cantantes tienden a sobreexigirse demasiado y terminamos cometiendo errores como éste, tratando de impresionar, exigiéndonos más y más de lo que nuestro cuerpo puede soportar de manera sana. Es así como lamentablemente muchas carreras terminan temprano. Por experiencia propia, sé que un concierto de un sólo solista debe ser como un zapato en un día de larga caminata, es mejor que te sobre espacio a que te quede justo. Habría sido una velada maravillosa si Joseph Calleja nos hubiera deleitado con más música de cámara (que de fácil no tiene un pelo y la trabaja muy bien) y hubiese terminado con ariones de ópera, aparte de los bises elegidos con tanto amor.

© Desde La Platea. Todos Los Derechos Reservados
Últimas Críticas
Viajes y Videos