Críticas
ÓPERA: LA CAMBIALE DI MATRIMONIO DE G. ROSSINI
ÓPERA ESTUDIO Y CAMERATA ACADÉMICA DEL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA "CON ADN ROSSINIANO" POR: LAURA FERRARINI
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  • 14 de Julio de 2019
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ÓPERA

LA CAMBIALE DI MATRIMONIO

(EL CONTRATO DE MATRIMONIO)

GIOAQUINO ROSSINI

ÓPERA ESTUDIO Y CAMERATA ACADÉMICA

TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

TEATRO DON BOSCO GIRA 2019

 

DIRECCIÓN MUSICAL: NICOLA SIMONI

DIRECCIÓN DE ESCENA: PABLO MARITANO

ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: VICTORIA HERNÁNDEZ, MARISOL SANTACÁ Y GERMÁN STASIUK

DIREÑO DE ILUMINACIÓN: ESTEBAN IVANEC

 

REPARTO

TOBIAS MILL………………………………………………MAURICIO MEREN

FANNY……………………………………………………SOFÍA DI BENEDETTO

EDOARDO MILFORT………………………………….FERNANDO URSINO

SLOOK……………………………………………………..FELIPE CARELLI

NORTON…………………………………………………..JONATAN FAVILLA

CLARINA……………………………………………………ESTEFANIA CAP

 

 

 

CRÓNICA, correspondiente al domingo 14 de julio

 

“El ácido desoxirribonucleico, abreviado ADN, es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos, también es responsable de la transmisión hereditaria.”

Wikipedia

 

El ADN operístico es lo que llamamos “estilo”. Para mí hay cosas que se tienen, algunas que se ensayan y otras son algo así como mágicas. Fraseos, timbres, movimientos, gags todo en Rossini es particular, y se tiene o no se tiene.

Cuenta la leyenda que la gran María Callas aceptó el papel de Rosina (El Barbero de Sevilla) solo después de ver la idea de la puesta y que crearan una serie de movimientos graciosos para el personaje; claro, la diva prefería el drama a lo jocoso (suele ser más difícil hacer reír que llorar) y ella se conocía bien a sí misma.

Esta ópera de Rossini, a pesar de ser de sus primeras creaciones, tiene como en todas sus óperas bufas, trampas rítmicas y de ensamble. Uno se engolosina con la duración (piadosa de apenas 90¨) y pocos personajes, pero a cuidarse de la música!

La ópera Estudio tuvo si, el ADN Rossiniano. Sonó en estilo desde la obertura tocada sin prisas por la Camerata Académica, con la batuta firme de Nicola Simoni. Este llevó al ensamble de voces y orquesta enérgicamente, sorteando las dificultades en los conjuntos y cambios de dinámicas e intensidades.

La puesta fantasía de Pablo Maritano maridó con el espíritu bufo de la ópera.

El vestuario se destacó gratamente, las telas y los diseños colaboraron en la atmosfera artificiosa; pero la elección del maquillaje parecía, desde lejos en la sala, una mezcla de pandas y zombies un detalle que no desmereció el todo.

Ya que estamos podemos mencionar la puesta en valor de esta sala que si bien es de 1917 tuvo una fuerte remodelación hace pocos años y se utiliza (dada su muy buena ubicación en 9 y 59 de La Plata) para variados espectáculos y eventos. Tiene muy buena acústica, las voces y los instrumentos se escuchan perfectamente.

Fuera de algunos pasos de baile (ah los cantantes y el baile! A veces bailan bien pero otras parece que necesitan un exorcismo…) la puesta tuvo los detalles que todos esperamos en Rossini, corridas, miradas, coqueteos picarescos, peleas y un finale a plena vocce.

Las voces e histrionismo de los cantantes fueron claves en la dinámica visual. Bien ensayada, uno disfruta sobre el escenario y eso es tal vez lo más genuino y complicado de Rossini. Divertirse en escena. Si los cantantes la pasan bien el público la pasa bien.

Mauricio Meren fue un Tobias Mill de calidad vocal superior. Un sonido que sobrepasaba la orquesta (que no sonó suave en casi ningún momento); con color brillante y mucho movimiento en cada escena se lució en toda la obra.

Sofía Di Benedetto fue la clásica soprano ligera, correcta y pispireta. Con la gracia y habilidad para cantar su aria más importante dibujando en un pizarrón! (nada fácil, diré)

Fernando Ursino parecía sacado de una gacetilla italiana de ópera. Lucía muy en estilo y de igual manera cantando.

Felipe Carelli se fue soltando a medida que pasaba la ópera. El personaje requería mucha gracia y calidad vocal y se fue afianzando a medida que transcurrían las escenas.

Jonatan Favilla y Estefanía Cap fueron el soporte gracioso, tan clásico de estas puestas pero tan icónico.

Un Rossini de pura cepa, acá no más;  por un elenco y producción joven para no olvidarse de estos títulos tan maravillosos de la lírica.

 

Laura Ferrarini

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