Por el Mundo
MUÑECOS EN LA PLATA, UNA EXTRAORDINARIA TRADICIÓN
POR: LAURA FERRARINI COLABORACIÓN: LEONARDO TUNDIDOR
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  • 30 de Diciembre de 2019

Muñecos en La Plata

La Plata. Provincia de Buenos Aires

Argentina

Una extraordinaria tradición

“…las ferias más prolongadas y tumultuosas de que se tenga memoria. Se ponían damajuanas de aguardiente a disposición del pueblo, se sacrificaban reses en la plaza pública, y una banda de músicos instalada sobre una mesa tocaba sin tregua durante tres días. Bajo los almendros polvorientos donde la primera semana del siglo acamparon las legiones del coronel Aureliano Buendía, se ponían ventas de masato, bollos, morcillas, chicharrones, empanadas, butifarras, caribañolas, pandeyuca, almojábanas, buñuelos, arepuelas, hojaldres, longanizas, mondongos, cocadas, guarapo, entre todo género de menudencias, chucherías, baratijas y cacharros, y peleas de gallos y juegos de lotería. En medio de la confusión de la muchedumbre alborotada, se vendían estampas y escapularios con la imagen de la Mamá Grande…”

Gabriel García Márquez

 

Pasear por la ciudad de la Plata y alrededores durante los últimos días de diciembre es una sorpresa constante, porque la ya famosa construcción de muñecos (redes mediante) se ha transformado en un evento mayor en la ciudad de las diagonales.

Esta tradición que comenzó a mediados del s xx de manera sencilla (se quemaban maderas y trapos) y que buscaba dejar de lado el año pasado y sus problemas se fue complejizando exponencialmente.

Abreva en tradiciones como la famosa Falla Valenciana (que se festeja en marzo aprox.) que tiene un origen popular y busca realzar los emergentes del año, sea políticos, sea del espectáculo o el deporte. Protestar, opinar, chicanear o ensalzar como punto de salida para las cosas sobresalientes del año.

Tenemos desde los más elaboradas con personajes, sponsors, interactivas, con bandas, remeras, pines, ferias y festejos hasta los más humildes realizadas por los vecinos de la cuadra, que dejan de lado cualquier diferencia para unirse en un proceso que toma varios meses y que va desde la elección del tema hasta la recolección de fondos para la realización.

Sobre la avenida 72 sea arma un “corredor” de muñecos por el que pasean las familias del barrio, lugar de encuentro para los vecinos y hasta la visita de turistas que viene a apreciar con sus propios ojos el resultado de este simpático evento.

Las épocas han cambiado y los cambios climáticos obligan a tener varios muñecos listos a ser sacados en caso de tormentas, la lluvia ha castigado bastante este año, en el 2018 una tormenta con viento destruyó varios momos y los vecinos salieron a socorrer a los constructores para por lo menos llegar a la hora y quemar algo.

También llaman la atención las tradicionales carpas cerca para “cuidar el muñeco”, ya que muchas veces son quemados con anticipación por alguna facción contraria. Los carteles avisan la hora de la quema y es muy común que se pongan de acuerdo los más cercanos para que se arme una suerte de procesión vecinal de un muñeco a otro. Este año se suma la legislación de pirotecnia así que veremos cómo va cambiando la tradición.

La Municipalidad buscó legislar sobre la seguridad y esto redujo notoriamente la cantidad de muñecos. Este año, un centenar se construyeron en la zona de La Plata y alrededores, para alegría de toda la comunidad que ora del pincha, ora de lobo, del factor político que sea se reúne para sentir la fiesta popular, dejar de lado el pasado y enfrentar el año nuevo con esperanza.

Hoy cuando la ciudad se ha convertido en una colección de poliedros  elevados, palomares humanos, en que nadie conoce quien duerme a 50 cms. de su cabeza; o cuando el rasgo de status es vivir en un “barrio privado”, que nada tiene de barrial y si mucho de cerrado; “el muñeco” de la cuadra nos transporta a la ciudad que añoramos, nos hace de nuevo platenses, una ciudad de iguales; nos reúne en la precisa esquina, en “el” diagonal perfecto de la vida. El Mondongo, La Cumbre, Tolosa, Meridiano V, Tacuarí, B° Norte, el Hipódromo, Ringuelé (sic), Villa Lenci, el Cementerio, Villa Elvira, Parque San Martín, vuelven a resurgir con la efímera llama del momo que se enciende con los abrazos, los reencuentros, los “te acordás” y con las  ausencias.

Y, tan bien descrito por Gabriel García Márquez, el festejo comunitario no deja de ser una necesidad humana, lo extraordinario para sobrevolar las diferencias, para salir del aire acondicionado y la tele en esta época y por qué no para sumarse a dar una mano, calor mediante.

 

Laura Ferrarini.

Leonardo Tundidor colaboración.

 

P.S.: Hoy llueve terriblemente, pero durante las noches anteriores se festejo a lo lindo, mañana…veremos cómo terminan los momos.

 

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